
El 11 de septiembre de 1973, fue asesinado en el Palacio de la Moneda, el presidente de Chile, el compañero Salvador Allende Gossens, tras un golpe de Estado perpetuado por las fuerzas armadas de dicho país.
Murió luchando, y defendiendo su cargo y a su patria de un grupo de fascistas.
Tras su muerte, Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, se convertiriá en dictador de Chile por casi 20 años.
Crónica del golpe de Estado contra Allende
El 10 de septiembre a las 16:00 horas zarpó una escuadra naval, que debía participar en las maniobras navales internacionales UNITAS.
Pero, en la madrugada del 11 de septiembre, dicha escuadra reapareció en Valparaíso y las Fuerzas Armadas tomaron la ciudad.
Allende fue enterado por conducto del general Jorge Urrutia, quien era subdirector de Carabineros, y quien a su vez fue avisado por parte del prefecto de Valparaíso Luis Gutiérrez.
Fue entonces que Allende decidió abordar su Fiat 125, y dirigirse al Palacio de la Moneda, en compañia del GAP.
El trayecto les tomó 20 minutos, Allende iba preparado con un fusil Avtomat Kalashnikov, modelo 1947 (AK-47), que era un regalo de su amigo Fidel Castro.
Allende y el GAP se prepararon, entraron en el Palacio cargando dos ametralladoras y tres RPG-7, además de sus armas personales.
Momentos después fue transmitida por la Cadena Democrática, formada por las radios Minería y Agricultura, la primera proclama militar.
Allende debía hacer entrega inmediata de su cargo a la Junta de Gobierno, integrada por los jefes supremos de las Fuerzas Armadas: Pinochet, Leigh, Merino y Mendoza (los dos últimos recién autonombrados como jefes supremos de sus ramas, Armada y Carabineros respectivamente).
Se le dio también al presidente un ultimátum: si La Moneda no era desalojada antes de las 11:00 horas, sería atacada por tierra y aire.
El ambiente en la Moneda era de tristeza, lo peor que podía ocurrirles estaba pasando.
Mas los militares golpistas, le ofrecieron a Allende sacarlo del país, con el destino que él escogiera, pero Allende la rechazó.
A las 9:55 horas los tanques del general Palacio ingresaron en el perímetro de la Moneda. Francotiradores apostados en los edificios aledaños los trataron de repeler, y se inició una balacera.
A las 10:15 horas, a través de radio Magallanes, la única estación pro-gobierno que aún no era silenciada, Allende emitió su último mensaje a la Nación.
Último mensaje de Salvador Allende a la nación, transmitido por radio Magallanes a las 9:10 am:
''Amigos míos:
Seguramente esta es la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación.
Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron... soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino que se ha autodesignado, más el señor Mendoza, general rastrero ... que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al gobierno, también se ha nominado director general de Carabineros.
Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.
Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen... ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Trabajadores de mi patria: Quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes,. quiero que aprovechen la lección. El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas, esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.
Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros; a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días estuvieron trabajando contra la sedición auspiciada por los Colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas que una sociedad capitalista da a unos pocos. Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron, entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos... porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando la línea férrea, destruyendo los oleoductos y los gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder: estaban comprometidos. La historia los juzgará.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, lo seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición, pretende imponerse. Sigan ustedes ,sabiendo ,que mucho más temprano que tarde,de nuevo, abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza, de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.''
A las 10:30 horas los tanques abrieron fuego contra la Moneda, les siguieron las tanquetas y la infantería, fuego que fue respondido por los miembros del GAP y los francotiradores apostados en los edificios aledaños.
A las 11:52 horas los cazabombarderos Hawker Haunter iniciaron su ataque a la Moneda, disparando en cuatro oportunidades sus cohetes sobre la casa de Gobierno, el daño causado fue devastador. Otros dos aviones bombardearon la residencia presidencial Tomás Moro, que era defendida por los miembros del GAP que no alcanzaron a llegar con Allende, al Palacio de la Moneda.
A las 14:30 horas, después de utilizar gases lacrimógenos, y al ver que Allende y el GAP no se rendian, los militares decidieron mandar a un grupo de soldados a derribar la puerta del Palacio.
Momentos después, el general Palacio logra ingresar al Palacio de la Moneda, y encuentra el cuerpo inerte del Presidente Allende.
Según la version de los golpistas, Allende se suicido.
Pero otras versiones, afirman que fue muerto por las balas enemigas.
Sin embargo, la teoría del asesinato ha sido desmentida hasta por su propia hija, y otros combatientes que lo acompañaron en la Moneda, incluyendo el doctor Patricio Guijón, quién supuestamente estuvo presente en el acto, y afirma que Allende coloco su AK-47 en su barbilla y lo acciono, causando su muerte instantanea.
Testimonio del testigo José Quiroga, publicado en el libro ''El último día de Salvador Allende'' de Oscar Soto, acerca del supuesto suicidio de Allende:
''Cuando Allende ordena el rendimiento, usamos una bandera blanca, un mantel que yo mismo saqué de uno de los comedores. Los militares hacen ingreso alrededor de las 2 de la tarde y comienza a salir la gente. Es una larga fila de personas y los médicos nos ubicamos al final, subiendo por una escalera hacia el segundo piso. Iban sacando a la gente y poniéndola en el suelo, en la salida de Morandé.
A medida que la gente iba bajando desde el segundo piso, Allende empieza a avanzar en el sentido contrario, yendo hacia el final, y llega donde estamos nosotros. Abre la puerta y entra al Salón Independencia, solo. Y es en ese momento cuando, después de un minuto, algo así, no recuerdo exactamente, decimos ''pero ¿qué está haciendo solo?''.
Entonces, abrimos las puertas. Todo eso estaba oscuro, lleno de humo y gas lacrimógeno. La mayoría de nosotros estábamos con máscaras antigás, el ambiente era irrespirable y la piel que estaba descubierta de la máscara me ardía terriblemente. Y en ese momento en que se abre la puerta, se ve la figura del presidente sentado, de frente a nosotros, sin poder ver muchos detalles, pero evidentemente que era él, y lo único que recuerdo es que la figura del presidente en un momento desaparece.
Antes que ninguno de nosotros pudiera reaccionar o entrar al salón, su cara, cuyos rasgos me permitían reconocerlo claramente, se borraron y luego desapareció de mi vista.
Todos los que estábamos frente a la puerta pudimos observar lo mismo.
El se suicidó colocándose la ametralladora aquí (lo demuestra con sus manos) básicamente en la base de la mandíbula y seguramente accionó y todo voló. Nosotros vemos el momento en que ocurre el hecho. Y ahí, mucha gente, todos nos dimos cuenta de lo que pasó. Yo ni siquiera entré a la pieza. Alguna gente lloró (se emociona), todos angustiados... Y al final no había nada que hacer, así que nosotros empezamos a salir. Y uno solo de nosotros entró, que es el doctor Guijón, y cuando los militares llegan ahí lo encuentran, y ahí lo detienen''
Por su parte, Fidel Castro, el presidente de Cuba, y amigo cercano de Allende, relató su propia version de los hechos.
Version parcial del relato de Fidel Castro:
''Pasada la 1 y 30 los fascistas se apoderaron de la planta baja de Palacio, la defensa se organiza en la planta alta y prosigue el combate. Los fascistas tratan de irrumpir por la escalera principal. A las, 2 aproximadamente logran ocupar un ángulo de la planta alta. El presidente estaba parapetado, junto a varios de sus compañeros, en una esquina del Salón Rojo. Avanzando hacia el punto de irrupción de los fascistas recibe un balazo en el estómago que lo hace inclinarse de dolor, pero no cesa de luchar; apoyándose en un sillón continúa disparando contra los fascistas a pocos metros de distancia, hasta que un segundo impacto en el pecho lo derriba y ya moribundo es acribillado a balazos.
Al ver caer al presidente, miembros de su guardia personal contratacan enérgicamente y rechazan de nuevo a los fascistas hasta la escalera principal. Se produce entonces, en medio del combate, un gesto de insólita dignidad: tomando el cuerpo inerte del presidente lo conducen hasta su gabinete, lo sientan en la silla presidencial, le colocan su banda de presidente y lo envuelven en una bandera chilena.
Aun después de muerto su heroico presidente, los inmortales defensores del palacio resistieron durante dos horas más las salvajes acometidas fascistas. Sólo a las cuatro de la tarde, ardiendo ya durante varias horas el Palacio Presidencial, se apagó la última resistencia.
Muchos se asombrarán.de lo que aquí se acaba de narrar. Y así es, sencillamente asombroso. La alta oficialidad fascista de los cuatro cuerpos armados se había levantado contra el gobierno de la Unidad Popular y sólo cuarenta hombres resistieron durante siete horas el grueso de la artillería, los tanques, la aviación y la infantería fascista. Pocas veces en la historia se escribió semejante página de heroísmo.
El presidente no sólo fue valiente y firme en cumplir su palabra de morir defendiendo la causa del pueblo, sino que se creció en la hora decisiva hasta límites increíbles. La presencia de ánimo, la serenidad, el dinamismo, la capacidad de mando y el heroísmo que demostró, fueron admirables. Nunca en este continente ningún presidente protagonizó tan dramática hazaña. Muchas veces el pensamiento inerme quedó abatido por la fuerza bruta. Pero ahora puede decirse que nunca la fuerza bruta conoció semejante resistencia, realizada en el terreno militar por un hombre de ideas, cuyas armas fueron siempre la palabra y la pluma.
Salvador Allende demostró más dignidad, más honor, más valor y más heroísmo que todos los militares fascistas juntos. Su gesto de grandeza incomparable, hundió para siempre en la ignominia a Pinochet y sus cómplices.
¡Asi se es revolucionario!
¡Así se es hombre!
¡Así muere un combatiente verdadero!
¡Así muere un defensor de su pueblo!
¡Así muere un luchador por el socialismo!''
Suicidio o no, Allende murió heróicamente, defendiendo el cargo que le fue entregado democráticamente por el pueblo de Chile.
Sus restos fueron enterrados en el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar, sin una placa que lo identificara, en una discreta ceremonia en que sólo pudieron asistir Hortensia Bussi, Laura Allende y dos sobrinos del presidente, Patricio y Jaime Grove, además del comandante de la FACH Roberto Sánchez.
Pero fue hasta 18 años después, el 4 de septiembre de 1990, que por órdenes del presidente Patricio Aylwin, Salvador Allende recibió un nuevo funeral, pero esta vez masivo y con los honores de Estado que le correspondían como ex mandatario.